Poetas de ahora ¿qué cantan?

Así que pasen treinta años.... Historia interna de la poesía española  contemporánea (1950-2017) - Akal

Sin duda que el esfuerzo de Remedios Sánchez por aclarar, a vista de pájaro, el estado de la poesía española en los últimos años (desde los 50 más o menos, aunque hay referencias a poéticas anteriores) se agradece y sacia mucha de la curiosidad que tenía al respecto. El estado de la cuestión poética, o de las poéticas, queda reflejado mediante análisis que inyectan ganas de leer poesía.

Habría que distinguir dos o tres partes en el libro, quizás a caballo entre dos maneras de entender la poesía. Una primera parte en la que las generaciones (y promociones) van confrontándose, unas más beligerantes que otras, para adquirir un protagonismo pleno en el panorama poético de cada momento. Hay que añadir que las generaciones no mueren cada treinta años definitivamente, sino que -y esto es uno de los leit motiv del libro- muchas de ellas conviven, y lo hacen ahora mismo, en el mismo tiempo, aunque tal vez en diferentes espacios. Hay, en este primer periodo, un anhelo por encuadrar las poéticas de autores dentro de los paisajes comunes que podrían dar lugar a la ruptura que conlleva toda generación con sus precedentes. También hay casos como el de Riechmann, que suponen una revitalización personalísima en cada libro, o autores que me parecen renovadores totales de la poesía del XX y XXI como Enrique Falcón. También gay experimentos de marketing (caso de los novísimos), más que un fiel reflejo de la manera de entender la poesía de un grupo de autores. En esta primera parte, es reflejo de algo más subterráneo el conflicto entre la poética de la experiencia y las poéticas del silencio, quizás algo que se ha reproducido a lo largo de todos los tiempos, y que, a groso modo, supone un enfrentamiento entre una poesía más apegada al lenguaje común y otra poesía más cercana al estallido de la palabra y al silencio, que indaga sobre los límites del lenguaje.

En la segunda parte del libro encontramos algo muy interesante: un acercamiento a las poéticas actuales, la poesía ante la incertidumbre y la poesía del fragmento, ambas herederas de cuitas anteriores. Sin embargo, es muy interesante la parte final, en la que se nos acerca a la posible valoración de las poéticas actuales de autores millenials, centradas en la diseminación de su poesía a través de redes sociales, blogs, revistas de internet, etc., que podrían suponer una pérdida de calidad, pero también suponen una ganancia democrática en el acceso de los lectores a sus poemas. Es más que interesante que Remedios Sánchez contrapone esta tendencia a otra no menos perniciosa: la de creerse que son los críticos, a menudo alejados del lector común, quienes sientan las bases del canon. Habría que llegar a un término medio, quizás, y sin duda que hay esfuerzos actuales dirigidos a ellos, destronando la crítica de suplemento y, al mismo tiempo, ver lo pernicioso que pueda ser llamar poesía a un reduccionismo del lenguaje poético a lenguaje común (habría muchos matices yameras de usar un lenguaje duro o sucio o simplemente coloquial e inofensivo). Es decir, que es verdad, como afirma la autora, que todos (o casi todos) escriben para ser leídos, ahora bien, ello tampoco nos debe hacer pensar que «hay que ser leído a costa de lo que sea», así como que es pernicioso tratar al lector como un cliente que siempre tiene razón.

Faltaría, para tener una visión completa, una reflexión sobre si los millenials que leen a Marwan y toda la tropa en su adolescencia, algún día acaban por inDagar en otra poesía más exigente. Ya supongo que esto nos tocará verlo en un futuro, así como tengo la certeza de que es una postura muy maniquea la que planteo, puesto que Valente y Marwan seguramente no se hablarían por más que coincidieran en un ascensor un dia tras otro. Hay otras poesías actuales que exigen más del lector y que no lo tratan como cliente o consumista devoto de sentimientos prefabricados dentro de una moda. Esas otras poéticas son las que me resultan más interesantes, aunque sean menos populares.

Quizás deberíamos tener la seguridad de que todo buen libro exige algo al lector, así como que el aprendizaje, en circunstancias actuales, es lo más democrático que hay, sin que ello nos haga pensar que vaya a ser fácil conseguirlo sin una predisposición a que el sentido del poema, de la obra literaria, se nos aparezca. Puedes aprender, tienes herramientas para ello, pero tendrás que esforzarte. Lo contrario es engañar al lector o tratarle como eterno adolescente.