Viajar al oeste

«A lo lejos», de Hernán Díaz. Impedimenta

A LO LEJOS | HERNAN DIAZ | Comprar libro 9788417553524

La historia empieza con una huída, con un viaje desde Suecia a Estados Unidos, pero también empieza con una pérdida. El protagonista comienza perdiendo al hermano y acaba haciendo el viaje solo para después extraviarse a lo largo y ancho del país. No es un western, sino más bien un anti western, con las claves del género trastocadas: el héroe no mata por justicia (o si lo hace, todo se embarulla en las palabras de la gente), no tiene unos valores que le concilian -a pesar de su taciturnidad- con un estrato de la sociedad, no se siente cómodo en la comunidad a la que ha de entregarse, no hay grandes duelos, ni un fuerte peso de la justicia o del bien frente al mal, etc… Mas bien el héroe quiere protagonizar una aventura, pero una aventura interna, de aislamiento y entrega a los pocos amigos con los que se va encontrando. Serán quienes le cuidan, quienes le han enseñado algo, aunque sea cómo aprovechar lo más minúsculo del reino animal o vegetal, a quienes él se entregará con devoción.

El paisaje juega un papel determinante. Empezamos en el mar, seguimos por el desierto y acabamos en las llanuras heladas de Alaska. Todo inmensidad, eternidad, vacío. Lugares en los que construirse, ya que no permiten asociarse con ellos y entregarse a ellos. Sobrevivir era eso, en estado puro: saber aprovechar las mínimas dádivas que estos lugares inhóspitos pueden entregar, casi en un ejercicio de inconsciencia más bien que en una muestra de generosidad por parte de la propia naturaleza. Es en ese vacío (del hermano, de la tierra, del paisaje, de oficio…) en el que se construye el desarraigo, pero no un desarraigo culpable, sino elegido (e inevitable, puesto que tampoco nunca perteneció a Suecia). El hermano desaparecerá, los árboles también, y lo único que queda, pendiendo de un presente que por fin mirará al futuro, será él y el señuelo de la patria olvidada. Todo ello en el meollo de un país al que tampoco pertenece, en parte por su inercia hacia la despersonalización y por otra parte porque está abocado al cliché. Es eso lo que ven muchos en Hakan: el cliché. Sólo quienes le miran y comprenden en su mirada a una persona más en medio de la fiebre del oro (que no es otra cosa que la fiebre de la imagen), saben que él no, que él nunca pudo matar a toda esa gente.

La vida o eso que pasa calladamente

Raymond Carver. Cuentos

Todos los cuentos: 6 (Compendium): Amazon.es: Carver, Raymond, Zulaika  Goicoechea, Jesús: Libros

Acabo de leer «¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?», de Raymond Carver y, a medida que iba leyendo un cuento tras otro, me asaltaba la idea de que el realismo sucio que ahí chapotea no es sino la vida de personas corrientes en situaciones normales. La vida, calladamente, es lo que pasa en ese conjunto de relatos.
El texto no remite a sí mismo, ni a una textualidad erudita propio de la Deconstrucción, sino que omite toda textualidad para dejar hablar a la vida de personas (no me gusta la concepción de antihéroes) excepcionalmente triviales. Sus vidas son anecdóticas; aquello que les sucede, podría pasrnos a cualquiera de nosotros, pero más allá de que el lector pueda reconocerse en ellas, es la vida la que habla, con sus nimiedades y aporías cotidianas, con sus desgracias y pequeñas alegrías, con, en fin, su normalidad. No hay que olvidar que «normal» viene de «nomos», que no deja de significar otra cosa que «costumbre», y es que eso es justamente lo que Carver pone sobre el tapete: lo que sucede cualquier día en cualquier sitio.
Esto hace que la libertad del lector sea total. Carver no interpreta, no moraliza, no categoriza, sino que simplemente describe situaciones, y es el lector el que interpreta, valora, etc. Todo muy alejado de la máxima derridiana según la cual, como decíamos antes, un texto remite a otro y este a otro más, haciendo de la textualidad un marco presente incluso cuando se pretende hablar de ella misma. Todo bastante más elucubrado que ese realismo sucio que se inmiscuye en este conjunto de relatos.
Lo que pasa es que el escritor derridiano ya está atrapado en su propia textualidad, mientras que en Carver es la vida la que sucede, calladamente. Parecería que el título del libro es una máxima que Carver impone a la vida: «cállate, porque sólo así puedo hacerte hablar»