POESÍA Y PODER

del colectivo Alicia Bajo Cero

Libros de Alicia Bajo Cero. Biografía y bibliografía - txalaparta.eus

Entre los calores de Valencia ha ido rondando una potente visión de la poesía española de los últimos años. Sospecho que los análisis de Alicia Bajo Cero bien podrían aplicarse a una parte de la poesía contemporánea, y sí, digo que «sospecho que una parte» pues desconozco el trasunto «total» de la poesía contemporánea. Procuro indagar en la que me interesa, y en ella, a partir de ahora, estará este libro.

Es minucioso el análisis mordaz que el colectivo le dedica a toda esa poesía de la experiencia, concentradas en personalidades como Luis García Montero, Jon Juaristi y otros muchos que van apareciendo arracimados entre las páginas de este libro. Dicha poesía de la experiencia (¿acaso, como dicen los autores y se oye por todos lados, podríamos hacer otra poesía que no proviniese de la experiencia?) nace al calor de La Otra Sentimentalidad, en la que algunos autores (como el propio Montero) repiten, la cual se fraguó en torno a los análisis de Juan Carlos Rodríguez, aunque luego sus importantes reflexiones en torno a la ideología althusseriana y a otras herramientas para conceder un objetivo a las nuevas poéticas se fueran diluyendo como un azucarillo en el café de la mañana.

Crear un poema es crear un mundo. El mundo que tenemos no basta, no ha de bastarnos. Es ese quizás el presupuesto del que parte este libro, en el que van aflorando reflexiones en torno a las sociedades de poder de Foucault y que no son otras que en las que vivimos, lo queramos o no. Frente a la desidia de la poesía de la experiencia, Alicia Bajo Cero, el colectivo de escritores valencianos, despojados de nombre y, por tanto, de algo más difícil: despojados de un personaje (como el del propio García Montero, Juaristi o Sabina), apuesta por la poética como una capacidad de crear un mundo «a la contra», es decir, desde la crítica. Esa crítica, bien documentada y muy pulcramente analizada, de la poesía de la experiencia no parte de que habría en ella una banalización del quehacer poético y su lenguaje (lo cual nos haría ponernos bastante pedantes, muy alejados de lo que propone Poesía y Poder), sino por un conformismo con el status quo liberal preponderante. Los proyectos que Alicia Bajo Cero han enhebrado han sido desde acercar la poesía a los inmigrantes, como realizar un libro conjunto con las madres de la plaza de mayo u otros colectivos.

La pregunta que me arroja el libro, y que contesta, es que una sublimación del arte poético (o del arte a secas), la cual supondría alejarla de «la gente normal», de su lenguaje, de sus caprichos, sería lo mismo que una banalización del mismo que suponga escribir un poema a la tostada de aceite con tomate que me tomo por las mañanas. Es más: quizás la sublimación, como ya hemos visto con las vanguardias, suponga una rotura con respecto al mundo en el que vivimos y, por tanto, la creación de más mundo, que el poema de la tostada no tiene. Es justo lo contrario de lo que la gente cree: no se trata de escribir poesía para dejar las cosas como están, sino para hacer sentir de otro modo a la gente, para otorgar una experiencia y, según Alicia Bajo Cero, si es crítica, pues doblemente productiva.

Poetas de ahora ¿qué cantan?

Así que pasen treinta años.... Historia interna de la poesía española  contemporánea (1950-2017) - Akal

Sin duda que el esfuerzo de Remedios Sánchez por aclarar, a vista de pájaro, el estado de la poesía española en los últimos años (desde los 50 más o menos, aunque hay referencias a poéticas anteriores) se agradece y sacia mucha de la curiosidad que tenía al respecto. El estado de la cuestión poética, o de las poéticas, queda reflejado mediante análisis que inyectan ganas de leer poesía.

Habría que distinguir dos o tres partes en el libro, quizás a caballo entre dos maneras de entender la poesía. Una primera parte en la que las generaciones (y promociones) van confrontándose, unas más beligerantes que otras, para adquirir un protagonismo pleno en el panorama poético de cada momento. Hay que añadir que las generaciones no mueren cada treinta años definitivamente, sino que -y esto es uno de los leit motiv del libro- muchas de ellas conviven, y lo hacen ahora mismo, en el mismo tiempo, aunque tal vez en diferentes espacios. Hay, en este primer periodo, un anhelo por encuadrar las poéticas de autores dentro de los paisajes comunes que podrían dar lugar a la ruptura que conlleva toda generación con sus precedentes. También hay casos como el de Riechmann, que suponen una revitalización personalísima en cada libro, o autores que me parecen renovadores totales de la poesía del XX y XXI como Enrique Falcón. También gay experimentos de marketing (caso de los novísimos), más que un fiel reflejo de la manera de entender la poesía de un grupo de autores. En esta primera parte, es reflejo de algo más subterráneo el conflicto entre la poética de la experiencia y las poéticas del silencio, quizás algo que se ha reproducido a lo largo de todos los tiempos, y que, a groso modo, supone un enfrentamiento entre una poesía más apegada al lenguaje común y otra poesía más cercana al estallido de la palabra y al silencio, que indaga sobre los límites del lenguaje.

En la segunda parte del libro encontramos algo muy interesante: un acercamiento a las poéticas actuales, la poesía ante la incertidumbre y la poesía del fragmento, ambas herederas de cuitas anteriores. Sin embargo, es muy interesante la parte final, en la que se nos acerca a la posible valoración de las poéticas actuales de autores millenials, centradas en la diseminación de su poesía a través de redes sociales, blogs, revistas de internet, etc., que podrían suponer una pérdida de calidad, pero también suponen una ganancia democrática en el acceso de los lectores a sus poemas. Es más que interesante que Remedios Sánchez contrapone esta tendencia a otra no menos perniciosa: la de creerse que son los críticos, a menudo alejados del lector común, quienes sientan las bases del canon. Habría que llegar a un término medio, quizás, y sin duda que hay esfuerzos actuales dirigidos a ellos, destronando la crítica de suplemento y, al mismo tiempo, ver lo pernicioso que pueda ser llamar poesía a un reduccionismo del lenguaje poético a lenguaje común (habría muchos matices yameras de usar un lenguaje duro o sucio o simplemente coloquial e inofensivo). Es decir, que es verdad, como afirma la autora, que todos (o casi todos) escriben para ser leídos, ahora bien, ello tampoco nos debe hacer pensar que «hay que ser leído a costa de lo que sea», así como que es pernicioso tratar al lector como un cliente que siempre tiene razón.

Faltaría, para tener una visión completa, una reflexión sobre si los millenials que leen a Marwan y toda la tropa en su adolescencia, algún día acaban por inDagar en otra poesía más exigente. Ya supongo que esto nos tocará verlo en un futuro, así como tengo la certeza de que es una postura muy maniquea la que planteo, puesto que Valente y Marwan seguramente no se hablarían por más que coincidieran en un ascensor un dia tras otro. Hay otras poesías actuales que exigen más del lector y que no lo tratan como cliente o consumista devoto de sentimientos prefabricados dentro de una moda. Esas otras poéticas son las que me resultan más interesantes, aunque sean menos populares.

Quizás deberíamos tener la seguridad de que todo buen libro exige algo al lector, así como que el aprendizaje, en circunstancias actuales, es lo más democrático que hay, sin que ello nos haga pensar que vaya a ser fácil conseguirlo sin una predisposición a que el sentido del poema, de la obra literaria, se nos aparezca. Puedes aprender, tienes herramientas para ello, pero tendrás que esforzarte. Lo contrario es engañar al lector o tratarle como eterno adolescente.

Apuntes para una Ars poetica (1)

De alguna manera, estamos en el Nosce te ipsum socrático, más complicado en el caso del poeta, porque al «conócete a ti mismo» hay que añadirle: «y encuentra dentro de ti mismo los recorridos que conducen al poema». Por esto son enemigos de la poesía un tipo de ambición, la soberbia, la irrealidad, un tipo de infantilismo. Y no desde el punto de vista moral -este concepto es clave- sino desde un punto de vista que podríamos llamar técnico. Coo dice Rilke, a la hora de escribir un poema, una vez interiorizado cualquier aspecto de la naturaleza exterior o del propio mundo sentimental, esperar respuestas del exterior no puede traerle al poeta más que profundas perturbaciones.

Joan Margarit, «Nuevas cartas a un joven poeta»