Epifanías

Laberinto de epifanías
en las que se espera al minotauro.
Sus calles por las que no pasa nadie
aguardan un sereno que las despabile.
Teseo anduvo ayer por aquí:
señalando con tiza un hilo
que habrás de seguir si quieres
recuperar las rimas,
el tamiz.

Sin saber si estás presente
o ausente. Sin conocer tu nombre,
ni tus apellidos, apenas te muestras
como un señuelo escurrido.

Llegarás, como tus ancestros,
a acariciar una ciega caracola
de la que nacen sonidos
que todos llaman palabras.

Escucharás el sonido del mar,
o mejor dicho, el ronroneo del océano
ventilar las oquedades de tu garganta.
Te llamarán pescador, como tu padre,
mas no te importará.

¿Acaso miraste alguna vez
las pálidas líneas de tus manos?
¿Acaso creíste que te llevarían
hacia algún claro en el bosque?

Duermes en la luz preclara de la mañana,
sesteas en el horizonte de la tarde.
Te vistes con el atardecer
que estaba ya cuando llegaste,
mas te darás cuenta que tan sólo estarás tú
cuando la noche parezca mover las olas en tu nombre
y te pida un nuevo eco en tu oreja de caracola.

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